No debo inscribirme a…

No debo inscribirme a convocatorias ni premios.

Querido Dr. TAI:

El año está fresquecito de nuevo y yo he roto mi “record” con dos rechazos académicos. Por supuesto es un caso aislado nada más.

Escribí no sé a santo de qué ocurrencia al COMIE (¿alguien sabe qué es eso?) y me dijeron que yo no hago investigación educativa. Fue bueno saberlo porque durante 26 años he creído que sí. Luego envié mi CV para el “Premio Sor Juana” que da la UNAM (¿lo da la UNAM o quién?) a mujeres académicas con labores docentes, de investigación y difusión SOBRESALIENTES. Me quedó claro que no hago labores sobresalientes, ni tampoco soy sobresaliente. Soy de una levedad que tiende a lo insoportable. Nunca estaré en el SNI ni en los rankings de los académicos sobresalientes. Soy una profesora conj un patológico amor por su trabajo, con deseos de ser útil quién sabe por qué o para qué.

Pero bueno, lo importante es la moraleja de este cuento: No debo inscribirme a convocatorias ni premios.

Una vez le dije al Dr. TAI que no se perdía nada intentando, llenando formatos, haciendo CVs, adjuntando copias y demás, para entrar a las convocatorias “abiertas” y “transparentes” de la UNAM.

Estaba equivocada. Sí se pierde. Se pierden las ganas, el interés, la motivación, la seguridad personal, la sensación de calidez hacia el género humano…. sí se pierde, mil disculpas.

Caso Kenia: La academia mexicana es un espejo de la sociedad

Kenia Z: Profesora de lenguas en diversas universidades públicas y privadas de México

Mi modesta impresión del espacio democrático en la academia mexicana es que parece un espejo de la sociedad en general, entonces también padece de las mismas dificultades, o sea “no es nada grave”:). Es decir, hay universidades que son mayoritariamente del PRI y parecen tener algunas características del partido y su forma de distribuir recursos. Otras reciben sus órdenes directamente del Vaticano; otras se convirtieron en empresas con una producción industrial de material académico. En general el espacio académico mexicano se divide entre las privadas y las públicas. Se puede decir que entre dos clases socio-económicas, por lo menos en relación a los estudiantes. Entonces, esa división entre las clases en sí no me parece democrática porque el acceso a la educación debe ser abierto a todos. Porque el conocimiento es la base fundamental de la elección democrática, ¿no?

También creo que no hay transparencia en el acceso al trabajo académico. Es decir, no se da de una forma democrática. De hecho todo lo que es nepotismo, clientelismo y corrupción es por definición anti-democrático. Mi propia experiencia es que uno no consigue un puesto por mérito académico sino porque por alguna razón le “convienes” al “jefe”. La terminología ya revela la jerarquía vertical: los súbditos deben mantener y proteger al jefe y no ser mejor que él o tener ideas innovadoras que no sean las de él. Vamos, esas son mis experiencias en la provincia mexicana, y mi situación marginalizada puede ser muy diferente a la situación de la capital.