Caso “Exagerada”

Hola:

Aunque el seudónimo de este correo, es “exagerada”, y aunque yo suela serlo un poquito, no es por una característica personal que mi correo tiene este nombre sino porque el libro que analizo desde hace algunos años para escribir mi tesis de maestría se llama La vida exagerada de Martín Romaña.

Podría empezar la terapia por ahí, no he escrito la tesis y tengo un titipuchal de ideas después de leerla y volver a hacerlo y además la relaciono con muchas cosas como el poder de la escritura para entender algo de lo que le pasa a uno, o con lo que se llamó recuperación de la experiencia desde el área de la sociología, o entre otras cosas como los fluidos no newtonianos o la cinta de moebius. Pero cada vez que me pongo a desarrollar el tema, una especie de inquisidor introyectado me dice, eso no es análisis y menos literario, eso no sirve, ya te dijeron en la escuela que mejor estudies a Rulfo o en todo caso a Fuentes y que no, un análisis de ese tipo no es nada que nos garantice que te van a aprobar la tesis.

Además sólo tuve contacto e interacción con el asesor para que me firmara los avances por motivos de la beca, jamás discutió conmigo el proyecto ni tampoco me ofreció o pidió expectativas de nuestra relación asesor-maestrante y mucho menos ofreció comentarios a los documentos que le envié y es muy probable que ni siquiera los haya leído. Además me lo asignaron porque fue presidente de los sinodales  en mi examen de licenciatura, invitada por una maestra participé en un seminario que él coordinaba y acepté su propuesta de ser mi sinodal. De su análisis a  esa tesis pude darme cuenta de varias cosas: la leyó una noche antes del examen, subrayó cosas que le parecieron incorrecciones gramaticales y preguntó por ellas en el examen: ¿Por qué usó “;” y no “,”? ¿Qué quiere decir con la palabra “devenir”? y ya, san se acabó.

Lo bueno es que uno de los sinodales, el más joven, quien fue el único que leyó a conciencia mi escrito y que estuvo en contacto conmigo para ofrecerme sus sugerencias y comentarios y que además preparó unas preguntas muy atinadas con la idea de que expusiera los puntos más importantes de mi tesis, fue el primero en examinarme, si no hubiera terminado dando cátedra de puntuación y significados verbales. En fin con esa experiencia y con las negativas del asesor de maestría para darme eso, una asesoría: decidí irme por la libre y escribir a mis anchas una tesis que espero algún día poder meter al escrutinio de un cuerpo de inquisidores que quién sabe qué tan abiertos estén a recibir.

Escribo a terapia académica para que quede claro lo aislada que queda una, una vez que deja las clases y hace vida. Porque durante el primer semestre de la maestría me enamoré y me arrejunté con mi esposo y tuvimos un pequeño que ahora tiene 4 años y después una pequeña que está a punto de cumplir un año. Desde que dejé la maestría entré a trabajar y entre una cosa y otra, una compañera de la maestría y yo nos reunimos periódicamente para contarnos de nuestras respectivas tesis y echarnos porras, afortunadamente ella, además de nuestras reuniones tuvo una asesora que tenía el orden suficiente para acompañarla y pedirle cuentas de la tesis.

El tiempo no me da lo suficiente para escribir la tesis, trabajar y continuar con un trabajo poético que el año pasado me dio la posibilidad de tener una beca para escribir un poema-libro que estoy a punto de terminar.  Así que les escribo para darme ánimos a mí misma y de una vez por todas escribir esa tesis que si no aprueban los consejos de letras se convertirá en un testimonio de que uno analiza libros para comprender un poco más qué carajos tienen que ver esas cosas que uno lee con la vida y la historia, y sobre todo para comprenderse a uno mismo mirándose en la paja del ojo ajeno.

Un abrazo. He leído algunos de sus artículos y sus propuestas y por fin he comprendido por qué a pesar de haber sido becaria en la primaria, secundaria y el cch, cuando entré  a estudiar letras me sentí la más imbécil del mundo por no saber hilar la menor idea y recibir trabajos que parecían jóvenes con viruelas de los manchones que claramente me hacían sentir que de escribir, lo que se dice escribir, yo no sabía ni jota: una reverenda imbécil. Con los madrazos y con dejar de entrar a algunas clases y leer cosas fuera de programa logré más o menos resolver esa bronca; para darme cuenta, más adelante como correctora y docente, mientras revisaba textos  de compañeros de arquitectura y de diseño y de algunos otros de la mismísima facultad de filosofía y letras, me di cuenta de que en efecto, a todos nosotros nos habían timado. Nos robaron 9 años de nuestras vidas con la idea de que iban a enseñarnos a leer y escribir y eso, gracias a sus métodos, nunca sucedió. Si aprendimos, fue más bien gracias a otros, cometas Halley que pasaron por ahí y algo nos dejaron, es decir, parece un accidente que algunos hayamos aprendido a escribir, porque la escuela como institución no hizo nada y no fue con dolo, eso casi puedo asegurarlo;  quien sí actúa con dolo es el Estado, que se encuentra detrás de ese sistema deseducativo, pero eso lo dejaremos para otra sesión.

Mil gracias,

Exagerada

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Caso Examen profesional…

Caso enviado a Terapia Académica por “Amiga Miedosa”:

En cierto Colegio prestigiado del sur de la ciudad (de México), en un examen profesional, los sinodales eran expertos en la materia, reconocidos internacionalmente y con un gran número de publicaciones y reconocimientos.  Dos de ellos se reconocieron inexpertos en el tema de tesis y pidieron a la examinada que los ilustrara al respecto.  Una vez que la escucharon, hicieron sus comentarios bastante pertinentes desde su propia experiencia.  Pero el presidente del Sínodo, también inexperto en el tema, en lugar de aceptarlo, utilizó su tiempo para recordarles a todos lo grandioso que es su último libro, hacer un amplio recorrido por su contenido, y de repente mencionando los posibles nexos con la tesis que estaba siendo examinada.  Después de 25 minutos de hablar de su trabajo,  le deseó buena suerte a la sustentante, y le auguró un camino tan exitoso como el suyo propio.

Comentario (de Amiga Miedosa):
A veces no podemos estar seguros de que lo que los asesores dicen o hacen es completamente de mala fe, o un acto egoísta. A veces las tesis de verdad merecen más que una simple manita de gato, y los comentarios que se pueden hacer a ella pueden llegar a ser verdaderos momentos de aprendizaje.  Yo en lo personal he aprendido mucho de cómo escribir textos académicos de mi asesora, y por otro lado, me he querido desmayar al leer textos de mis alumnos un poco más inexpertos que yo. Eso sí, “en el pedir está el dar”, es decir que a veces los modos pueden no ser los mejores, pero sí las intenciones.  Tal vez, en lugar de criticar a los asesores, se les debería asesorar para dar aseorías, y todos saldrían beneficiados.

Caso Alma y Raúl: “como la Dra. X sabe mucho, se ningunea a los demás”

Alma y Raúl son estudiantes de licenciatura en una importante universidad pública, a punto de graduarse tras 9 años de intentos con su tesis.  Al igual que Bertha, hablan con elocuencia cristalina de una de las razones menos estudiadas de la “incapacidad” de los estudiantes para escribir sus propias ideas: simplemente no se les permite expresar sus ideas y sus palabras.

¿Qué tanto de lo que está escrito en estas 7 páginas de la introducción son ideas de ustedes?

A: No, es de autores.

R: Te digo que, o sea, fue en función de que la Dra. X nos dijo “ustedes no pueden”. Y lo que yo pienso, revisando muchas otras tesis, todas están organizadas de esa manera. Es un requisito. Nosotros manejamos un manual que se llama el manual de la APA…

¿Y qué dice ahí sobre cómo escribir una introducción?

R: Bueno, no recuerdo qué dice, pero lo que NO dice es que nosotros pongamos de nuestra cosecha…

A: Más que el manual de la APA es el manual de titulación de la facultad… y estas tesis son exactamente de ahí, entonces así están todas las tesis de esta facultad.

¿Cómo “así”?

A: Con citas textuales

R: ¿Sabes cuándo sí vamos a ponerle de nuestra cosecha? Yo tengo la idea de que lo hagamos libro… y entonces ahí sí vamos a poder poner todas las cosas… Yo tenía pensado hacerlo aquí, pero la Dra. X no nos dejó. Y bueno, finalmente no sé a ti cómo te iría con tus asesores pero nosotros tuvimos así como que… amoldarnos, ¿no? No le íbamos a decir al asesor: “no, nosotros lo tenemos pensado así”.

¿Pero escribieron alguna versión que ella les haya dicho “quítenlo”?

A: Una vez nos tardamos un montón en hacer la justificación en el proyecto de tesis. La hicimos en una noche y nos quedó pues bien, según nuestro estilo…

Es lo que no veo, no veo una introducción donde los autores de ESTA tesis digan por qué están investigando eso…

A: Sí no. Esa parte que te digo nos quedó bien padre y nos tardamos toda la noche desvelándonos, llegamos al otro día y se lo enseñamos a la Dra. X, y dice “a ver, justificación… no no no no, todo esto no se pone, y lo seleccionó y le dio erase, y dijo: “esto está muy cucho”, y entonces así nos deshizo varias cosas.

¿Pero qué era lo cucho?

R: Pues todo, porque lo escribimos nosotros, porque no estábamos dando el crédito a ningún autor de ninguna publicación, sino que eran reflexiones o redacciones nuestras. Y dijo la Dra. X que eso no iba, que cualquier cosa, todo, son citas textuales.

¿Pero leyeron otras tesis?

A: Sí, así están todas. Aparte la Dra. X es jefa de carrera y ella está regulando muchas cosas.

R: Y aparte de que es jefa de carrera, el núcleo de la Dra. X es como que el núcleo preponderante en la Universidad en ese aspecto. O sea que la Dra. X sí puede darse el lujo de decir que la investigación que se hace de ese tipo ella es de los efectivos porque en la Universidad ese es el estilo… y como la Dra. X sí sabe mucho, se ningunea a los demás…

A: Nos dio a elegir en el tipo de letra; nos dijo: “arial o verdana, como ustedes quieran; los colores de las gráficas: como ustedes quieran”. Pero en otras cosas no nos dio mucha opción.

Caso Bertha: “Tú no sabes hablar como académica”

Bertha se graduó de maestría en en Antropología en una importante institución mexicana. En el siguiente fragmento de conversación terapéutica habla sobre la experiencia con su asesora al trabajar en la elaboración de su tesis, que trata de una escritora y periodista mexicana:

B: yo pensé que estando en antropología yo podría hablar como una sujeta hablante, pensante… pero te aniquilan. Yo se lo decía: ¿sabes qué?, la teoría no la entiendo, ¿cómo la explico? Y cada vez que les decía a las dos personas encargadas, decían “¡ahí está el libro, ahí está el libro!” Entonces, a mí en lo personal, yo no soy académica de alto grado, ni intento, ni quiero. No, yo quería hacer un texto decente, yo quiero aprender todavía…. Pero yo pensé que al no tener un discurso académico, yo me hacía unas bolas conmigo misma. Decía: ¿será el lenguaje?, ¿no he leído mucho?, ¿qué me pasa? Entonces yo decía bueno, yo quería acceder gradualmente a ese discurso académico pero aquí no hay ninguna gradualidad. Aquí o estás conmigo o estás en mi contra. Yo así lo veía. Y “estás en mi contra” es: “tienes qué hablar así; si no hablas como yo, estás en mi contra”. No me lo decían explícitamente;  me lo decían implícitamente al yo entregar mis borradores y tachar y quitar y “esto no es académico”, “esto no se habla así”. Entonces yo le decía: “es que yo primero quiero narrar y explicármelo yo, para mí.

Mi primera hoja de este trabajo era que a mí me gustaba la escritora X. Yo la había estudiado en la licenciatura y quería hacer algo diferente porque, desde una fotografía, yo vi una imagen y a mí me interesaba esta mujer que hace literatura y hace periodismo, me interesa a mí por esto y esto… Desde ahí partí; y la Dra. X, no voy a decir su nombre, dijo “ni madres, aquí tu “yo” nos vale. Tu “yo” no; “NOSOTROS hemos investigado…”. Y yo le decía: “¿quiénes somos nosotros, doctora?” No, que está Fulano y Mengano. “Pero Fulano no ha estudiado a esta escritora”. “¡No, aquí lo pones con NOSOTROS!” Desde ahí. Yo dije, puta madre, o sea una inseguridad me dio, una desconfianza, me hizo bolas. A ver, ¿quiénes somos nosotros? Porque, que yo sepa nadie estudió el discurso periodístico de esta escritora. Yo soy la primera, con puras cochinadas que yo haga, pero ¿quién más lo ha estudiado? “De todas maneras es nosotros porque tú no eres sola”. “No, es que nosotros, así se habla en la academia. Y tú no sabes hablar como académica”. Me dijo así. Le dije: “no, yo no soy académica y ni siquiera intento serlo…” […] Eso a mí me trajo como consecuencia una profunda inseguridad.

Sí, cada vez que yo ponía “yo”, me lo quitaba… porque yo estaba construyendo algo a partir de lo que yo sabía y de lo que yo había leído… Entonces, a mí el pronombre deíctico “nosotros” sí me causó muchos problemas al momento de hacer un ensayo académico en la Escuela X, porque las personas que están en la academia con quienes yo trabajé no permiten de ninguna manera un “yo”.

G: ¿Y qué argumento te dieron?

B: Que en la academia no se escribe desde un yo, que lo que yo piense y lo que yo sienta “mucho gusto, no importa”. En resumen, se trata de glosar SU trabajo, no de producir tus propias ideas