Mundillo de vanidades y farsas

mundillo de vanidades

Comienzo mi participación en la terapia académica con una pequeña declaración:

No soy un académico conforme al criterio del sistema burocredencialístico, puesto que no poseo ningún grado ni ostento algún puesto con tal denominación en ninguna institución educativa. Aunque todo mi trabajo lo realizo en relación con académicos: coordino o supervisó sus labores. No se confundan; no soy Fausto Alzati, el antiguo director del Conacyt sin título. Yo soy un lacayo mucho más humilde, pero con mayor conocimiento de las intimidades, sin que medie albur, de ese mundillo de vanidades y farsas que son los honores académicos, un ámbito muy vasto -y basto- donde caben los nombramientos burocráticos, las becas y el salón de la fama curricular que son las publicaciones académicas.
Como lacayo bien entrenado en ese mundillo, estoy especializado, oh mágica palabra, en la edición académica.
Soy un editor académico en una grandiosa Universidad que en las siguientes aportaciones a esta terapia les revelará los vericuetos que van de una idea -propia o ajena-, la cual traviesa por el trabajo propio o de los asistentes, a la publicación calladamente curricular, nomás pal reporte, o estentóreamente presentada como informe sobre la pobreza en algún elegante salón del Meliá.

Salud amigos

– Amador Luna

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