Caso aislado de ayer

Anoche llega a mi casa un nuevo paciente, brillante investigador de la UAM (Universidad Autónoma Metropolitana), miembro del SNI (Sistema Nacional de Investigadores) y sin duda uno de los más productivos, creativos y comprometidos investigadores de lo que queda de este país (México).

Como sé que, pese a su autoridad académica y a su evidente malestar, él no hará público el caso aislado que me contó, daré mi versión aquí, para lo cual usaré el pseudónimo “D” para referirme a este paciente.

D se sienta y pide agua. Su habitual serenidad está ausente. De pronto, con cierta impaciencia y sin ser el tema de nuestra conversación, suelta esta historia:

“Aún no entiendo cómo es que gente tan preparada, tan activa, tan brillante, y tan comprometida, no tiene la oportunidad de estar en la academia. Fíjate, una amiga (a quien llamaré Y) pasó varios meses intentando entrar a una maestría en filosofía, en la UNAM. Ella ha sido una excelente estudiante, y tiene muchísimas ganas de seguir su formación. El caso es que le dijeron que no. O sea, la rechazaron. Pero fíjate: la convocatoria fue pública, decía que era para todo mundo que quisiera entrar a esta maestría. Pero no es cierto. Es mentira, porque está hecha sólo para los estudiantes de ahí mismo, de la Facultad de Filosofía de la UNAM. Les hicieron un examen con preguntas exclusivamente sobre Husserl, como si la maestría fuera para especialistas en Husserl. Ni si quiera yo podría contestar algunas cosas que preguntaron ahí (nota: D es uno de los mejores filósofos de México). O sea que, aunque sacan la convocatoria “públicamente”, en realidad sólo es para un grupito que ya está ahí adentro, entrenado en el tema del examen.”

Después, con cierto malestar nadando en su voz, D reflexiona en voz alta: “No sé qué va a hacer Y… ¿qué es lo primero que hacen los que son rechazados? Sentir que están mal, que no sirven, que fueron rechazados por ineptos. ¿Y a dónde van a parar?”

Bueno, pues por ahi siguió D, contando el caso aislado de su amiga Y, a quien también conozco pero nunca he tratado como paciente, precisamente porque es una persona con toda la capacidad y el entusiasmo para estar en esa maestría, y aparentemente feliz… hasta antes de ser víctima de una más de las formas de fraude académico que predominan en nuestras instituciones, en este caso en la UNAM.

El resto de la sesión, D y yo comentamos -con intenciones puramente terapéuticas- la multitud de mecanismos de segregación y exclusión que imperan en la academia en México, y que no distinguen instituciones o niveles; lo mismo se da en los concursos de oposición para profesores, que en las convocatorias para estudiantes que quieren realizar un postgrado; en la asignación de plazas y en la asingación de becas; en el manejo de los recursos (entre paréntesis, hace poco platiqué con otros pacientes, profesores de tiempo completo de una dependencia de la UNAM, con casi 30 años de antigüedad, y para mi sorpresa, ninguno de ellos tenía idea, ni se había preguntado nunca, quién y cómo decide el presupuesto de la UNAM, guau! Lo han padecido por casi 30 años, pero nunca se preguntaron quiénes son los responsables!!).

Para cerrar la sesión, D y yo comentamos que una de las razones por las que esto pasa, es que los académicos más importantes de este país, están taaan ocupados haciendo puntitos para el SNI, es decir, trabajando en las agendas y líneas (absurdas, burocráticas y tecnocráticas) del SNI, el CONACYT, la OCDE, el Banco Mundial, etc., etc., de tal manera que no tienen tiempo ni cabeza ni deseos de abordar los problemas que REALMENTE IMPORTAN en la educación mexicana. La exclusión, la segregación, y las múltiples formas de fraude y engaño académicos, simplemente no son tema de estudio y, mucho menos, de acción. Además, como bien lo señaló D, muchos miembros de la aristocracia académica (en otro post hablaremos de esto), no se interesan en lo más mínimo en los temas de la exclusión, la violencia, el fraude y la segregación académica y educativa por una simple razón: tienen muy bien acomodados a sus hijos y familiares en los puestos altos de la academia; ¿por qué habría de interesarles gente rechazada, como Y, si ni siquiera son sus parientes?

Aunque D nunca ha usado su puesto en el SNI para abordar estos temas, ahora sí le importó, porque la afectada fue su mejor amiga.  ¿Tendremos qué esperar a que sean nuestros mejores amigos o nuestros familiares más cercanos los que queden excluidos para comenzar a HACER algo?

D salió de mi consultorio sin resolver nada, pero relajado y feliz.

¡Así de efectiva es la Terapia Académica!

Dr. TAI

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3 comentarios en “Caso aislado de ayer

    • Estimad@ alay: Gracias por tu comentario. Como sabes, en psicoterapia hay diversas escuelas, y por lo mismo hay diversas definiciones de “cura”. En algunas escuelas, cura psicológica significa que el paciente entiende las causas que originaron (en el pasado) sus síntomas; en otras, que el paciente se enfoca en hacer algo (en el presente) para aminorar los síntomas; y en otras, que el paciente se enfoca en definir sus deseos y planes (futuros), con base en su pasado y en sus síntomas (que intenta resolver). Te puedo asegurar que Terapia Académica funciona en los tres sentidos: permite una reflexión sobre el pasado (la causa de nuestros males presentes), un análisis sobre el presente, y una visualización de un futuro posible. Además, en una cosa hay plena coincidencia entre las distintas posturas terapéuticas y la propuesta de Terpia Académica: todas las terapias consisten en hablar sobre aquello que nos aqueja, el silencio no beneficia y en cambio sí agudiza los síntomas (ansiedad, depresión, baja autoestima, etc.); en cambio decir/escribir/compartir la experiencia propia es liberador y curativo. Así que te invito cordialmente a compartir alguna de tus historias.

  1. pues de psicoterapia no sé mucho, lo que sí es que no son muchos los ‘curados’ que he visto en esos procesos… por lo general (y lo digo por lo que observo en algunas personas cercanas que están en alguna terapia psicológica), veo cómo la gente se regodea en los pequeños y grandes dramas personales y pasan de diván en diván y de terapeuta en terapeuta sin terminar de elaborar sus rollos y pasar a lo siguiente. ¿Qué es lo siguiente? Supongo que seguir. La queja parece ser la constante en estos amigos que incluso me parece disfrutan esto del sufrir y de hablar y hablar de lo que les ha sucedido de una y otra manera, con uno y otro terapeuta. La ventaja aquí es que es gratis (aunque un amigo decía que ‘el que paga no se cura’!). Jejeje… Bueno, quizá sí la gente necesite que la escuchen (o la lean) pero supongo que llega un momento en que deja de ser productivo el azote, ¿no? Creo que en la película argentina “No sos vos, soy yo” retratan bien esto. Tal vez sí a veces sea ‘liberador y curativo’ eso de ‘decir/escribir/compartir’… tal vez en ocasiones se convierta en pretexto para seguir sin ver, para quedarse como atorado… ¿siempre todo va a estar así? ¿hay otras experiencias, acaso favorables, que contar? Qué bueno fuera ver un poco más allá… observarse también uno mismo. Y seguir. Saludos!

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