Casos aislados…

paralizado

En las últimas semanas no he agregado casos nuevos en este sitio. La razón es simple: uno de los síntomas más agudos que presentan mis pacientes (estudiantes, profesores, e investigadores de diversas instituciones) es lo que en psicología clínica se denomina regresión. La regresión es un estado psicológico de pérdida de autonomía y de toda capacidad para resistir y llevar a cabo actividades creativas.

Otro término para describir la regresión es indefensión aprendida (acquired helplessness), pero ese es todo un tema, y de él hablaremos en otra sesión.

En otras palabras, el paciente regresivo ha desarrollado una incapacidad para actuar creativamente de acuerdo con sus propias ideas y decisiones, y más bien tiende a esperar y obedecer “instrucciones superiores” de manera sumisa, o a evitar toda acción, especialmente la acción de expresar ante sí y los demás aquello que le duele, molesta o afecta. Es decir, el paciente cae en un estado de parálisis y dependencia aguda, que le lleva a actuar casi exclusivamente en función de lo que, en su percepción, le es permitido por sus “superiores”. En este caso, los “superiores” pueden ser las autoridades de la escuela o universidad, los profesores, comités evaluadores, comisiones dictaminadoras, o los asesores de tesis. Sin embargo, es indispensable no confundir regresión con opresión. El paciente regresivo por regla general tiende a justifica su inmobilidad y su temor a expresar su descontento con la violencia académica de que es víctima, inculpando al Otro. Es decir, suele expresar que “es preferible no moverle” para evitar represalias o “problemas” con alguna figura externa que lo oprime, pero a la vez se representa como una amenaza potencial en contra de sí.

El estado de regresión es una condición más generalizada que la influenza o incluso la ansiedad, y puede agudizarse hasta derivar en síndrome DDD (siglas en inglés de Debilidad, Dependencia y Miedo – Debility, Dependence, Dread). Pero hablaré sobre ésto en un futuro post.

Lo que ahora deseo comentar, es que en las últimas semanas he escuchado una variedad de historias traumáticas por parte de académicos de distintas instituciones: estudiantes de licenciatura y postgrado, profesores normalistas y universitarios, e investigadores (incluyendo algunos del SNI). Y aunque TODOS están ávidos por contar su historia (en restaurantes, cafés, pasillos o banquetas), pocos se animan a escribir y hacer pública su experiencia.

Suelo referirme a estas historias como “casos aislados”. Es sólo un juego y sin duda un mecanismo de auto-terapia, pues de tomarmelo absolutamente en serio, pensaría que vivimos en un país donde el sector más educado de la población (universitarios hasta con postgrado) resulta ser el sector más sumiso de este país. Y claro, a nadie le gusta pensar que aquellos cuya actividad central es pensar con SU propia cabeza y actuar de acuerdo con SUS propias ideas,  resultan más dóciles que los trabajadores de baja escolaridad que al menos, de vez en cuando, salen a las calles a gritar su indignación.

Bien, mientras se acumulan más casos aislados comenzaré a escribir mis propias versiones de las historias escuchadas…

Hasta la próxima sesión,

Dr. TAI

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Un comentario en “Casos aislados…

  1. Querido Dr. TAI:

    El año está fresquecito de nuevo y yo he roto mi “record” con dos rechazos académicos. Por supuesto es un caso aislado nada más.

    Escribí no sé a santo de qué ocurrencia al COMIE (¿alguien sabe qué es eso?) y me dijeron que yo no hago investigación educativa. Fue bueno saberlo porque durante 26 años he creído que sí. Luego envié mi CV para el “Premio Sor Juana” que da la UNAM (¿lo da la UNAM o quién?) a mujeres académicas con labores docentes, de investigación y difusión SOBRESALIENTES. Me quedó claro que no hago labores sobresalientes, ni tampoco soy sobresaliente. Soy de una levedad que tiende a lo insoportable. Nunca estaré en el SNI ni en los rankings de los académicos sobresalientes. Soy una profesora conj un patológico amor por su trabajo, con deseos de ser útil quién sabe por qué o para qué.

    Pero bueno, lo importante es la moraleja de este cuento: No debo inscribirme a convocatorias ni premios.

    Una vez le dije al Dr. TAI que no se perdía nada intentando, llenando formatos, haciendo CVs, adjuntando copias y demás, para entrar a las convocatorias “abiertas” y “transparentes”.

    Estaba equivocada. Sí se pierde. Se pierden las ganas, el interés, la motivación, la seguridad personal, la sensación de calidez hacia el género humano…. sí se pierde, mil disculpas.

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