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Caso enviado a Terapia Académica por “Amiga Miedosa”:

En cierto Colegio prestigiado del sur de la ciudad (de México), en un examen profesional, los sinodales eran expertos en la materia, reconocidos internacionalmente y con un gran número de publicaciones y reconocimientos.  Dos de ellos se reconocieron inexpertos en el tema de tesis y pidieron a la examinada que los ilustrara al respecto.  Una vez que la escucharon, hicieron sus comentarios bastante pertinentes desde su propia experiencia.  Pero el presidente del Sínodo, también inexperto en el tema, en lugar de aceptarlo, utilizó su tiempo para recordarles a todos lo grandioso que es su último libro, hacer un amplio recorrido por su contenido, y de repente mencionando los posibles nexos con la tesis que estaba siendo examinada.  Después de 25 minutos de hablar de su trabajo,  le deseó buena suerte a la sustentante, y le auguró un camino tan exitoso como el suyo propio.

Comentario (de Amiga Miedosa):
A veces no podemos estar seguros de que lo que los asesores dicen o hacen es completamente de mala fe, o un acto egoísta. A veces las tesis de verdad merecen más que una simple manita de gato, y los comentarios que se pueden hacer a ella pueden llegar a ser verdaderos momentos de aprendizaje.  Yo en lo personal he aprendido mucho de cómo escribir textos académicos de mi asesora, y por otro lado, me he querido desmayar al leer textos de mis alumnos un poco más inexpertos que yo. Eso sí, “en el pedir está el dar”, es decir que a veces los modos pueden no ser los mejores, pero sí las intenciones.  Tal vez, en lugar de criticar a los asesores, se les debería asesorar para dar aseorías, y todos saldrían beneficiados.

Alma y Raúl son estudiantes de licenciatura en una importante universidad pública, a punto de graduarse tras 9 años de intentos con su tesis.  Al igual que Bertha, hablan con elocuencia cristalina de una de las razones menos estudiadas de la “incapacidad” de los estudiantes para escribir sus propias ideas: simplemente no se les permite expresar sus ideas y sus palabras.

G: ¿Qué tanto de lo que está escrito en estas 7 páginas de la introducción son ideas de ustedes?

A: No, es de autores.

R: Te digo que, o sea, fue en función de que la Dra. X nos dijo “ustedes no pueden”. Y lo que yo pienso, revisando muchas otras tesis, todas están organizadas de esa manera. Es un requisito. Nosotros manejamos un manual que se llama el manual de la APA…

G: ¿Y qué dice ahí sobre cómo escribir una introducción?

R: Bueno, no recuerdo qué dice, pero lo que NO dice es que nosotros pongamos de nuestra cosecha…

A: Más que el manual de la APA es el manual de titulación de la facultad… y estas tesis son exactamente de ahí, entonces así están todas las tesis de esta facultad.

G: ¿Cómo “así”?

A: Con citas textuales

R: ¿Sabes cuándo sí vamos a ponerle de nuestra cosecha? Yo tengo la idea de que lo hagamos libro… y entonces ahí sí vamos a poder poner todas las cosas… Yo tenía pensado hacerlo aquí, pero la Dra. X no nos dejó. Y bueno, finalmente no sé a ti cómo te iría con tus asesores pero nosotros tuvimos así como que… amoldarnos, ¿no? No le íbamos a decir al asesor: “no, nosotros lo tenemos pensado así”.

G: ¿Pero escribieron alguna versión que ella les haya dicho “quítenlo”?

A: Una vez nos tardamos un montón en hacer la justificación en el proyecto de tesis. La hicimos en una noche y nos quedó pues bien, según nuestro estilo…

G: Es lo que no veo, no veo una introducción donde los autores de ESTA tesis digan por qué están investigando eso…

A: Sí no. Esa parte que te digo nos quedó bien padre y nos tardamos toda la noche desvelándonos, llegamos al otro día y se lo enseñamos a la Dra. X, y dice “a ver, justificación… no no no no, todo esto no se pone, y lo seleccionó y le dio erase, y dijo: “esto está muy cucho”, y entonces así nos deshizo varias cosas.

G: ¿Pero qué era lo cucho?

R: Pues todo, porque lo escribimos nosotros, porque no estábamos dando el crédito a ningún autor de ninguna publicación, sino que eran reflexiones o redacciones nuestras. Y dijo la Dra. X que eso no iba, que cualquier cosa, todo, son citas textuales.

G: ¿Pero leyeron otras tesis?

A: Sí, así están todas. Aparte la Dra. X es jefa de carrera y ella está regulando muchas cosas.

R: Y aparte de que es jefa de carrera, el núcleo de la Dra. X es como que el núcleo preponderante en la Universidad en ese aspecto. O sea que la Dra. X sí puede darse el lujo de decir que la investigación que se hace de ese tipo ella es de los efectivos porque en la Universidad ese es el estilo… y como la Dra. X sí sabe mucho, se ningunea a los demás…

A: Nos dio a elegir en el tipo de letra; nos dijo: “arial o verdana, como ustedes quieran; los colores de las gráficas: como ustedes quieran”. Pero en otras cosas no nos dio mucha opción.

Caso 4: Gregorio, graduado de postgrado en el extranjero, de regreso en México, y autor de este sitio. Al carecer de conexiones familiares, estatus socioeconómico, padres acomodados, color de piel y cabello adecuados, etc., ha enfrentado una variedad de aventuras al intentar reinstalarse en alguna institución académica de México. Estos son sólo algunos ejemplos:

Discriminación por edad en el Centro de Investigaciones X

Hace tiempo le pidieron su curriculum vitae para un proceso de selección de profesores en uno de los centros de investigación científica más importantes de México. Después de unas semanas le informaron que no quedó, pero tres distintos investigadores de esa institución le dijeron que al revisar los expedientes de los distintos candidatos, su curriculum quedaba hasta arriba, pero que el comité decidió hacer una división entre candidatos “jóvenes” y candidatos “viejos”. Tal vez porque en ese entonces estaba de moda la pederastia, o porque la institución necesitaba gente más joven y dócil, la edad fue el criterio decisivo para la selección. Así que Gregorio fue rechazado, por su avanzada edad. Pero algunos profesores le comentaron que el comité interno acordó que la siguiente ocasión que se abriera una plaza, su curriculum sería el primero a considerar. Por supuesto, para la siguiente ocasión encima de ser ya un miembro evidente de la 3a edad, Gregorio había sido proscrito de esa institución por denunciar públicamente el abuso, usurpación de funciones y deshonestidad intelectual de una prestigiosa y poderosa investigadora de esa institución. No abundo sobre el caso, porque fue presentado en un congreso nacional de investigación y se publicó incluso en el periódico.

Descartado “por la computadora” en la Universidad Y

En la Universidad Y, ha metido su solicitud y curriculum en dos convocatorias. La primera no recibió siquiera una respuesta de rechazo. La segunda tampoco. Pero en la segunda ocasión, que tuvo lugar hace apenas unas semanas, una profesora de la universidad, le informó que fue rechazado porque a pesar de tener estudios de doctorado y postdoctorado, lo más probable es que la computadora lo descartó “automáticamente” porque su licenciatura no era en ciencias de la comunicación. Lo paradójico es que varios profesores de esa universidad le han pedido a Gregorio impartirles cursos y asesorías pues, pese a que ellos sí tienen la licenciatura en ciencias de la comunicación, hay muchas cosas que no conocen o manejan…

Concurso “abierto” de oposición en la Universidad Z

En la Universidad Z, Gregorio decidió participar en un “concurso abierto de oposición” para ocupar una plaza de investigador. El concurso se publicó en la gaceta respectiva, y la convocatoria señalaba que uno de los requisitos era presentar un proyecto de investigación sobre un tema X. Al buscar información sobre el tema, lo primero que encuentra G. es un artículo reciente cuyo título es casi idéntico al del tema asignado para ese concurso. Quizás por casualidad, la autora del artículo es una investigadora de apellido extranjero que ocupa de manera interina la plaza que supuestamente está a “concurso abierto”. Y el tema asignado es tan específico que sin duda ella es la única experta en dicho tema en todo el planeta Tierra. ¿Eso es un “concurso abierto de oposición”?

Bertha se graduó de maestría en en Antropología en una importante institución mexicana. En el siguiente fragmento de conversación terapéutica habla sobre la experiencia con su asesora al trabajar en la elaboración de su tesis, que trata de una escritora y periodista mexicana:

B: yo pensé que estando en antropología yo podría hablar como una sujeta hablante, pensante… pero te aniquilan. Yo se lo decía: ¿sabes qué?, la teoría no la entiendo, ¿cómo la explico? Y cada vez que les decía a las dos personas encargadas, decían “¡ahí está el libro, ahí está el libro!” Entonces, a mí en lo personal, yo no soy académica de alto grado, ni intento, ni quiero. No, yo quería hacer un texto decente, yo quiero aprender todavía…. Pero yo pensé que al no tener un discurso académico, yo me hacía unas bolas conmigo misma. Decía: ¿será el lenguaje?, ¿no he leído mucho?, ¿qué me pasa? Entonces yo decía bueno, yo quería acceder gradualmente a ese discurso académico pero aquí no hay ninguna gradualidad. Aquí o estás conmigo o estás en mi contra. Yo así lo veía. Y “estás en mi contra” es: “tienes qué hablar así; si no hablas como yo, estás en mi contra”. No me lo decían explícitamente;  me lo decían implícitamente al yo entregar mis borradores y tachar y quitar y “esto no es académico”, “esto no se habla así”. Entonces yo le decía: “es que yo primero quiero narrar y explicármelo yo, para mí.

Mi primera hoja de este trabajo era que a mí me gustaba la escritora X. Yo la había estudiado en la licenciatura y quería hacer algo diferente porque, desde una fotografía, yo vi una imagen y a mí me interesaba esta mujer que hace literatura y hace periodismo, me interesa a mí por esto y esto… Desde ahí partí; y la Dra. X, no voy a decir su nombre, dijo “ni madres, aquí tu “yo” nos vale. Tu “yo” no; “NOSOTROS hemos investigado…”. Y yo le decía: “¿quiénes somos nosotros, doctora?” No, que está Fulano y Mengano. “Pero Fulano no ha estudiado a esta escritora”. “¡No, aquí lo pones con NOSOTROS!” Desde ahí. Yo dije, puta madre, o sea una inseguridad me dio, una desconfianza, me hizo bolas. A ver, ¿quiénes somos nosotros? Porque, que yo sepa nadie estudió el discurso periodístico de esta escritora. Yo soy la primera, con puras cochinadas que yo haga, pero ¿quién más lo ha estudiado? “De todas maneras es nosotros porque tú no eres sola”. “No, es que nosotros, así se habla en la academia. Y tú no sabes hablar como académica”. Me dijo así. Le dije: “no, yo no soy académica y ni siquiera intento serlo…” […] Eso a mí me trajo como consecuencia una profunda inseguridad.

Sí, cada vez que yo ponía “yo”, me lo quitaba… porque yo estaba construyendo algo a partir de lo que yo sabía y de lo que yo había leído… Entonces, a mí el pronombre deíctico “nosotros” sí me causó muchos problemas al momento de hacer un ensayo académico en la Escuela X, porque las personas que están en la academia con quienes yo trabajé no permiten de ninguna manera un “yo”.

G: ¿Y qué argumento te dieron?

B: Que en la academia no se escribe desde un yo, que lo que yo piense y lo que yo sienta “mucho gusto, no importa”. En resumen, se trata de glosar SU trabajo, no de producir tus propias ideas

Kenia Z: Profesora de lenguas en diversas universidades públicas y privadas de México

Mi modesta impresión del espacio democrático en la academia mexicana es que parece un espejo de la sociedad en general, entonces también padece de las mismas dificultades, o sea “no es nada grave”:). Es decir, hay universidades que son mayoritariamente del PRI y parecen tener algunas características del partido y su forma de distribuir recursos. Otras reciben sus órdenes directamente del Vaticano; otras se convirtieron en empresas con una producción industrial de material académico. En general el espacio académico mexicano se divide entre las privadas y las públicas. Se puede decir que entre dos clases socio-económicas, por lo menos en relación a los estudiantes. Entonces, esa división entre las clases en sí no me parece democrática porque el acceso a la educación debe ser abierto a todos. Porque el conocimiento es la base fundamental de la elección democrática, ¿no?

También creo que no hay transparencia en el acceso al trabajo académico. Es decir, no se da de una forma democrática. De hecho todo lo que es nepotismo, clientelismo y corrupción es por definición anti-democrático. Mi propia experiencia es que uno no consigue un puesto por mérito académico sino porque por alguna razón le “convienes” al “jefe”. La terminología ya revela la jerarquía vertical: los súbditos deben mantener y proteger al jefe y no ser mejor que él o tener ideas innovadoras que no sean las de él. Vamos, esas son mis experiencias en la provincia mexicana, y mi situación marginalizada puede ser muy diferente a la situación de la capital.